
Me quedo con los días de lluvia y con las gotas que caen sobre los cristales, me gustan los helados, la comida japonesa desde su primera vez en Granada hasta su continuación en Canadá, donde conseguí la receta del sushi. El canto de los pájaros por las mañanas y levantarme poco a poco mientras suenan las campanas a lo lejos en el albaycin, pasar las noches dando un paseo y que las horas pasen hasta el amanecer en el mirador de San Nicolás. Quedarme frente al mar, con su sonido, con su silencio y bucear en la piscina de mis abuelos, quedarme debajo del agua por mucho tiempo, recordar que los veranos los he pasado nadando y que la música de los ochenta la escuché en idas y venidas del viento, que disfruté con el cine de verano que había en mi barrio y que los grillos formaban la sinfonía de aquellas noches al fresco viendo las estrellas. Los paseos por el Carmen de los mártires y los jardines de la Alhambra, después de descubrir con mi padre que los gusanos de luz existían en el vivero.





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