sábado, 18 de mayo de 2013

Nossa, que situação

(Museo da língua portuguesa de São Paulo de http://www.guiasaopaulo24horas.com.br)

La primera vez que pude observar que el portugués de Brasil no era tan fácil de traducir al español fue cuando en un bar, tomando unas cervezas con unos amigos unos conocidos se agregaron y comenzaron a hablar de una situación desagradable que le había pasado a alguno de ellos, me dí cuenta que el receptor no tenía el mínimo interés por seguir escuchando, pero si de quedar bien ante el otro y parecer que mostraba interés, decía frases así como "que situação" acompañado de gestos de preocupación, como vemos el nivel pragmático de la lengua tenía una gran importancia, pensando en español podríamos reaccionar en el mismo contexto con "qué fuerte".

Otra de las estructuras cargadas de valor pragmático fueron "ninguém merece" que os puedo asegurar que siempre se me ha ido una carcajada cuando la he escuchado y su equivalente al español es "no se lo deseo a nadie" pero aquí lo usan con mucha mas frecuencia, el contexto fue una madre hablando del hijo de una amiga que se le parecía a su padre y dijo la frase "ninguém merece" y respondiendo también a ésto os puedo decir en portugués que suena mejor"que maldad gente". 

Nossa, es otra de las palabras que nos sirven para todo y que en español tendría una tradución diferente para cada una de las situaciones, sorpresa por ejemplo en español "Dios! o madre mía!".

Estructuras como "por un oido me entra y por otro me sale" sería en portugués "eu não estou nem ai"  y la recién descubierta " pessõa sem noção" en español "persona sin fundamento", es decir aquellas personas que te hablan fuera del contexto, que les preguntas una cosa y te responden otra, en fin, una locura de situaciones. 




jueves, 16 de mayo de 2013

Coimbra

(Imagen de Coimbra sobre el río Mondego de turismoportugal.blogspot.com)

En las ciudades en las que he vivido, siempre me quedo con un café nostálgico, una música imperante, imágenes detenidas y un millón de recuerdos llenos de amigos y de personas que han significado mucho, hoy me llegó un mensaje  de una amiga por la red social que ocupa nuestras vidas y me preguntaba por aquellos lugares comunes que le hablé un día de la ciudad lusa.

Allí se quedó el café Couraça acompañando las tardes y los sueños, donde se veían los mejores atardeceres, con la competencia del café de Químicas, claro está, porque siempre había otro lugar que superaba al otro, pero al menos el Couraça te dejaba escribir cartas y mas cartas, cuando se escribían, porque el correo seguía siendo el protagonista de la soledad. Ahora se escribirán mensajes por los diferentes smartphone y se perderán el sol que se está poniendo y la luz que quedaba después del chiribiri continuo del invierno.

En las noches de la Associaçao Académica siempre había lugar para todos y cumplía cualquier afición o deseo, desde si te gustaba hacer alpinismo como si querías cantar en un coro, daba igual, había actividades de todos los gustos y preferencias.

El Café Santa Cruz lo dejábamos para los jueves, donde algunos nos reuníamos para intercambiar versos, como "Marionetas na chuva" que después fue el título de nuestro libro conjunto que publicamos y con el dinero hicimos una fiesta por la rua dos combatentes.

Coimbra, la califiqué muchas veces de ciudad de la locura con la banda sonora de O espíritu da paz de Madredeus y donde nos hacíamos vegetarianos si frecuentábamos la cantina amarela, aquellos tiempos en los que quedaba mucha vida por delante y militar por una vida u otra formaba parte del encanto de aquel año.

El Crucero, una edición bilingüe que publiqué después en Brasil tenía mucho del sentir de ese año, y hablo de año, porque a pesar de todo nunca he vuelto a Coimbra, siguiendo a Macondo en Cien años de soledad, y que después rememora una canción de Sabina, Peces de Ciudad "a aquella ciudad donde fuiste feliz nunca haz de volver".