viernes, 30 de julio de 2010

La hora de la siesta

Alcalá, Foto de Alfonso Hernández

Todo se para con los últimos sonidos de los platos y los vasos que quedan por lavar, dejando espacio para el sueño y para el descanso. La música del ruido se queda anclada en el extremo silencio. De repente, solamente llegan algunas notas musicales o algún aleteo de insecto a nuestros oidos. Es el tiempo de los pensamientos y de poder volar con la imaginación, podemos viajar a Egipto y adentrarnos en las pirámides, explorar o tal vez ser un faraon, tener otras vidas o recordar las que ya tuvimos.

La hora de la siesta es así en el sur. Las calles se quedan vacías y el sol deja una luz tan clara en las calles que todo muda de color, lo que más nos llama la atención es que todos duermen y que el tiempo se para por unas horas.

Esta sensación la pude observar en el círculo polar ártico donde nunca se hace de noche y todos duermen bajo la luz del sol.